Fotografía: Santos - Díez
Unir dos programas diferentes (conservatorio de danza y museo) en una única entidad nos permitía explorar la relación entre dos estructuras ajenas entre si en todos sus aspectos: organización, percepción, expresión, función, construcción. Con ambos factores podíamos sumar, restar, dividir; elegimos multiplicar.
Como siameses unidos por la espalda, nuestros edificios no se conocen entre si, pero son el mismo cuerpo; la extraña forma de hormigón contiene en su interior el conservatorio, mientras que su superficie exterior define el espacio del museo, lo que queda entre la forma y el límite.
El conservatorio se desarrolla en el interior de una estructura arbórea de cajones de hormigón apoyada en el núcleo central y en la fachada metálica. Cada cajón aloja una parte específica del programa de conservatorio (administración, aulas teóricas, aulas de danza), especializándose por plantas.
