Majestad.
Altezas.
Excelentísimas e ilustrísimas autoridades.
Queridos premiados.
Señoras y señores,
¿Cómo decirles lo honrado y lo sorprendido que me sentí al conocer que se me había concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes? Honrado como arquitecto, al ver que una vez más se reconocía cuánto nuestro trabajo no es ajeno a aquel que hacen pintores, escultores, músicos, cineastas, fotógrafos y tantos otros que contribuyen a configurar el mundo en que vivimos. Sorprendido, al ver que quienes componían el jurado valoraban la obra de un arquitecto que ha dedicado su vida profesional a la construcción de muy diversos edificios y también a la enseñanza de la arquitectura, a compartir con los estudiantes el interés por ella. Y mi gratitud hacia el jurado se desbordó al leer que entendían que mi obra enriquecía los espacios urbanos con una arquitectura serena y pulcra ¡Cuánto desearía que así fuese!


