Fotografía: Aitor Ortiz
Sobra decir que la
relación de un edificio con su entorno es una de las bases del diseño
arquitectónico.
En muchas ocasiones esa
interconexión con el lugar resulta complicada de entender y necesita un gran
esfuerzo por parte del observador mientras que en otras esa lectura es mucho
más directa y evidente.
No considero una opción
mejor que otra, de hecho encuentro muchísimos puntos positivos en ambas, pero este
proyecto del que quiero hablar es un claro ejemplo del segundo caso, integrado
en el paisaje que le rodea de manera discreta y ordenada.
Las actuaciones dentro de
espacios naturales tan característicos del norte de la península como éste me
parecen tan atractivas como complejas y quizás por esto mismo me llamen tanto
la atención intervenciones tan pequeñas y cuidadas como ésta.
Del mismo modo que hace un
tiempo escribí sobre el proyecto de Toki Arkitekturak en la Ermita de Urretxu como ejemplo
de intervención en un icono típico vasco, ahora me toca explicar que no se
entiende una población de este territorio sin su frontón, equipamiento clave
dentro de la sociedad vasca y uno de los elementos más destacados en cada
núcleo rural.
En un contexto así,
ubicado en una zona verde y montañosa en la frontera entre Navarra y Gipuzkoa,
dentro de un pueblo vinculado a una carretera nacional es donde el joven
estudio VAUMM llevó a efecto, tras ganar un concurso, la construcción de un
frontón y un pequeño edificio administrativo.
El proyecto resulta tan coherente
y sensato que a veces me ha llegado a parecer insultante, y más aún después de
leer la explicación del mismo por parte de los propios arquitectos.
Si antes hablaba de
relación directa y legible entre el entorno y el edificio, estos dos
calificativos son aplicables a cada rincón del proyecto, cada gesto tiene un
porqué, y ese porqué resulta tan evidente que una vez visto parece imposible
hacerlo de otra manera.
El frontón se hunde,
aprovechando los muros de contención resultantes como paredes de juego,
reduciendo el impacto visual y creando a su vez el graderío (decisión obvia
nº1), por otro lado, el edificio administrativo se resuelve siguiendo unas
reglas ya marcadas años atrás: cubierta a dos aguas, porche cubierto y balcón típico
de ayuntamiento (decisiones obvias nº2, 3 y 4).
Como resultado final,
vuelvo a lo explicado al principio, unos volúmenes que dialogan con las
edificaciones existentes, que hablan de lo mismo pero en diferente época, que
se nutren de unas maneras de hacer las cosas probadas durante siglos para
darles ahora una vuelta de rosca más.
Para mí, una manera de
proyectar tan sincera como real, y volviendo a lo dicho por Oteiza hace años (lema
que Jordi Badia y Félix Arranz usaron hace poco en Vogadors) no es una mala
idea a la hora de proyectar “crear algo
nuevo mirando hacia atrás, como los remeros de una trainera, que avanzan hacia
delante, pero siempre mirando lo que dejan atrás”.
Y ya que hablamos de mirar
atrás, para aquellos que estéis inmersos en el poco saludable mundo de las
redes sociales, recomiendo fervientemente que sigáis, o pulséis en “me gusta” o
lo que haya que hacer en el perfil de VAUMM Arkitekturak si queréis disfrutar
de un repertorio fotográfico digno del “Cuore” arquitectónico del siglo XX;
espectacular, curioso y siniestramente adictivo.













4 comentarios:
Es difícil leer un artículo de Carlos Garmendia en que no mencione a Badía. Carlos sí es un vogador
Con los VAUMM tmb...si hay amiguismo que no se note
buen articulo carlos y al anterior le diria que como decia schopenhauer "La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren"
esta frase de schopenhauer, muchas veces me ha venido a la mente.
es licito mostrar nuestro trabajo, sin querer demostrar nada.
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