En esta ocasión me he
permitido una pequeña licencia y, saliéndome de la línea de los proyectos que
os había enseñado hasta ahora, he decidido mostraros uno construido en Loiu
(Bizkaia) en 1968.
Este cambio se debe a
motivaciones personales que espero entendáis más adelante, porque estoy seguro
de que a muchos de los que ahora frecuentáis este blog les ha ocurrido algo
parecido a lo que me sucedió a mí con este edificio.
Apostaría a que más de
uno, antes siquiera de decidir comenzar la carrera de Arquitectura, habéis
convivido durante años con algún edificio en particular, un edificio que veíais
desde la ventana de vuestra habitación, o al que ibais a estudiar en época de exámenes
o directamente, el propio edificio en el que vivíais, y lo habéis hecho sin
darle mayor interés, sin reparar en cómo era o dejaba de ser, hasta que un buen
día, habiendo tomado ya la (hoy en día “dudosa”) decisión de sumergiros en el
mundo de la Arquitectura,
descubristeis que ese mismo edificio que hasta entonces simplemente ocupaba su
lugar, tenía algo especial, que era diferente.
Pues bien, algo así es lo que me ocurrió a mí con mi colegio. Fueron muchos años, exactamente 12, jugando, estudiando, comiendo y hasta durmiendo según la asignatura y el profesor, en unas aulas y unos patios que ya cuando yo llegué, contaban sus años por decenas.
Pero no fue hasta hace un
par de años, con la carrera terminada y en pleno proceso proyectual de un centro educativo en Navarra, estudiando cientos de esquemas funcionales de otros
tantos ejemplos escolares, cuando redescubrí mi colegio.
Cierto es que ya para
entonces tenía la ligera sospecha de que aquellos edificios que a más de un
compañero le recordaban a una cárcel, estaban bien pensados, pero una vez
comencé a estudiar con más detenimiento el proyecto fue cuando fui consciente
de su calidad.
Dejando a un lado las
posteriores y poco afortunadas ampliaciones que se han llevado a cabo en el
conjunto de la parcela, el proyecto contaba en un inicio con 3 partes
diferenciadas; una destinada al sistema educativo (aulas, salas de profesores,
biblioteca…), otra que incorporaba la residencia de la comunidad, el comedor y
una iglesia que jamás se llegó a construir y una última destinada al polideportivo
(olvidado también durante la obra y construido años después reconvertido en
aulario).
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| Fotografías aéreas del estado actual |
La primera parte del
conjunto, la más extensa y representativa, contiene como he dicho el programa
más importante de aularios, y se conforma mediante un eje principal comunicador
de fantásticas proporciones (proporciones que estremecerían a más de un
promotor actual) del cual cuelgan 5 brazos de aulas. Cada brazo se confecciona
con un sencillo esquema de pasillo en su lado norte y aulas en su lado sur,
rematando el volumen con los aseos y una escalera.
Exteriormente, cada bloque
se eleva del terreno creando debajo de él una zona de porche (muy útil dado el
clima), con una fachada más ciega compuesta por un interesante ritmo de
hendiduras verticales en el lado del pasillo y otra mucho más permeable del
lado de las aulas.
Estos volúmenes a su vez
acotan las pistas deportivas y espacios de juego en general.
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| Edificio de aulario |
En referencia a la segunda
parte, situada en la zona norte del solar, cabe destacar la notable ausencia
del que estaba concebido para ser el elemento principal del conjunto: la
iglesia, pensada para presidir la entrada al colegio, no pudo ser construida
por motivos económicos, restando cierto sentido al esquema global del proyecto.
Como resultado, un bloque
residencial con habitaciones en ambas fachadas unido al volumen de comedor, un
edificio con cubiertas alabeadas e iluminado por un patio central de gran
calidad espacial.
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| Fotografía del edificio comedor (1972) |
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| Residencia |
Estos 2 elementos
conformaron el estado inicial del centro educativo en 1970 y hoy en día todavía
suponen el núcleo funcional del mismo, un ejemplo de Arquitectura atemporal y
firme, que ha sobrevivido a más de 40 años de uso continuo sin necesidad de
arreglos ni adaptaciones y que después de sufrir las carreras de infinidad de
niños de varias generaciones se mantiene tan elegante y escultural como el
primer día.
No me gustaría terminar
este artículo sin hacer mención a Julián de Larrea Basterra, Arquitecto por la ETSAB cuando ésta todavía se
encontraba en plaza Universitat, cuando el número de alumnos por promoción era
tan distinto al actual (17 en el caso de Julián), cuando la Arquitectura era más
tranquila y meditada, como él, que a sus 86 años no ha encontrado la más mínima
objeción en perder su tiempo rebuscando los planos originales de este proyecto
(una maravilla por cierto) ni en contarme cómo fue todo el proceso del mismo
con todo tipo de detalles y anécdotas, sólo me queda pues, darle las gracias.
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| Planos originales de proyecto |
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| Fotografía aérea durante la obra |
Fotografía por Carlos Garmendia



















5 comentarios:
Urdaneta! Yo también pasé por sus aulas y, efectivamente, no me dí cuenta de lo buen proyecto que era hasta unos años después de empezar la carrera.
magnífico escrito, pero entonces...cual es la opinión importante, trascendente no para la arquitectura, sino para la vida, la generada por el niño que vivió en esa escuela, o la generada tras estudiar conceptos y teoría al respecto posteriormente? Es una pregunta que yo mismo me hago, me ha sucedido que edificios que antes no valoraba, tras estudiarlos en la carrera sí lo he hecho. Hablo de qué es lo importante, lo vivido o lo aprendido? El niño o el hombre en este caso. Pienso que la arquitectura, no puede ni debe depender de elementos de apoyo o refuerzo, porque la arquitectura ha de transmitirlos isofacto. Obviamente la inmadurez de un niño imposibilita su noción al respecto de elementos funcionales, estructurales, y un largo etc...pero sin hablar directamente sobre este caso, creo que el debate se refiere a aquel que gira entorno al arquitecto y que le enfrenta en su día a día en su práctica a los no arquitectos. En fin, gracias por este post.
Yo personalmente soy de la opinión que la arquitectura debe ser para sus habitantes, usuarios, o como quiera llamarse. Si el colegio en su momento se sentía como una cárcel, entonces tal vez venía de un visión demasiado encumbrada de la arquitectura que nunca caló entre sus jóvenes ocupantes. Posiblemente esta pieza arquitectónica, que me parece un interesante elemento arquitectónico, lleve consigo la trágica carga que muchas veces a llevado a la arquitectura a naufragar en aguas tranquilas, que subyace, esencialmente, en la incomprensión de un rol que va más allá de sí misma. Así como no todos al mirarnos una uña observamos un órgano vestigial constituido esencialmente por queratina, como lo vería un médico; tampoco podemos pedirles a todo el mundo que perciba la arquitectura como lo haría un arquitecto.
Un saludo por la buena arquitectura.
Es un tema interesante para discutir, pero no deberíamos obviar (como ya ha insinuado el 2º comentario) que esos calificativos de los usuarios muchas veces se limitan a aspectos estéticos (no funcionales ni estructurales) y como tales, totalmente subjetivos.
Del mismo modo creo que no estamos hablando de opiniones enfrentadas, como niño (sin los conocimientos posteriores de los que hablamos) no valoras las características arquitectónicas como tales, pero sí que disfrutas intrínsecamente de cada espacio del proyecto (yo lo hice sin tener ni idea de si el proyecto era bueno o no), no eres capaz de reconocer el porqué, pero eso no implica que no aproveches esas cualidades.
Esto que comento vale para este caso en concreto, no quiero generalizar, y creo que va muy relacionado, como he dicho, a aspectos estéticos, sé por experiencia que a casi ninguno de mis excompañeros les parece un colegio “bonito” (a mí sí, pero ahí sí que entran a jugar esos conocimientos adquiridos con posterioridad), pero será difícil encontrar a alguno que no guarde buen recuerdo de los pasillos, las aulas o los patios porque eran espacios adecuados para cada una de sus funciones, y eso no lo sabíamos entonces, pero tampoco nos hacía falta.
Un saludo y gracias!
muy interesante lo que Francisco Fernandez apunta.
no nos "maleducamos" cuando nos formamos en arquitectura? es la cuestión del elitismo.
es posible que un niño (al margen de los buenos recuerdos de entre los pasillos pero eso es la nostalgia) recuerde el colegio al que fue como un paraíso?
http://www.youtube.com/watch?v=H8uM4yDUfIU&feature=relmfu
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