Fuente: El Periódico
Artículo publicado el Martes 5 de octubre de 2011
Sí, te quiero Barcelona, porque eres una ciudad con personalidad, alma y
guapetona. Y porque siempre has estado abierta a la fiesta aun siendo
tan trabajadora y responsable. Barcelona, no te quiero, porque te has
vuelto muy cara y expulsas a tu gente. Te quiero cuando creces con pausa
y armonía, dejando espacios verdes, y no te quiero cuando te apelotonas
en desorden a golpe de evento. Te quiero cuando visito tus bibliotecas
rebosantes, y disfruto del esforzado fruto de tus artistas en teatros,
baretos, museos o calles. Y te odio cuando te da por poner muros, rejas y
vallas. Te quiero cuando te pones retos y sueñas y te ríes de los
sueños. No te quiero cuando te pones tan presumida y arrogante, ni
cuando te empeñas desaforadamente en escalar todos los rankings.
Te quiero por tu humanidad, tu humedad y tu ambigüedad, por tus
deliciosos rincones oscuros y por esos cruces de calle con rampa tan
civilizados e iluminados. No te quiero cuando paseo por la Rambla a
trompicones y veo los nuevos chiringuitos tan feos, inútiles y
mastodónticos, quitando sitio a la gente y afeándola con fluorescentes.
Te quiero cuando mezclas gente y regeneras barrios, cuando paseo por tus
barrios y los veo vivos y exigentes. Te quiero cuando aireas y encaras
los conflictos y no cuando los encierras y los escondes. Cuando te abres
al mar y no cuando luego lo cierras. No te quiero cuando haces una
ordenanza absurda, y encima ni siquiera la cumples. Barcelona, sí, te
quiero porque aún eres lo suficientemente pequeña para conocerte y lo
bastante grande para poder esquivarte. No te quiero cuando haces
autobombo en las banderolas. Te quiero más cuando te discutimos que
cuando te adulamos.
Querida ciudad de mis amores y desamores, sanamente contradictoria,
espasmódica, abierta y cerrada a la vez, cómoda y acomodada. Vivir
contigo es un privilegiado sinvivir. Te quiero y te odio. Pero de
momento, aquí me quedo y no me cambio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario