Fotografía: Carlos Garmendia
El
cliente presenta la necesidad de dar cubierta a un espacio de juego dentro de
un ámbito escolar marcado por la existencia de un solar escalonado, con
importantes desniveles y grandes patios situados a diferentes alturas.
Ante
tal contexto se decide realizar tal cubrición por medio de un volumen icónico,
potente y directo, atractivo desde todos los diferentes puntos de vista a los
que se encuentra sometido y que a su vez se convierta en una nueva referencia
para el lugar.
Unos
grandes pilares de hormigón prefabricado junto con unas vigas de madera
laminada consiguen salvar los 35
metros de luz necesarios para ubicar en su interior las
pistas deportivas, y toda esta estructura se recubre finalmente con una piel
metálica sólida y potente desde el exterior pero casi invisible desde dentro.
Esta
piel metálica se hace realidad mediante lamas de chapa perforada de color azul
de 3 tipos (A,V y L) que recuerdan a los elementos de un código de barras,
donde una línea fina, una línea gruesa y un espacio amplio crean una
alternancia no rítmica intercalando estos 3 elementos a lo largo de toda la
fachada, y traduciendo así en su cara Sur y principal, el nombre del centro
escolar.
Este
mismo lenguaje se utiliza para componer otro elemento estructural, el pórtico
que resguarda la portería dialoga con la fachada azul, pero se oculta en sí mismo
para no competir, su color oscuro le hace pasar casi inadvertida frente a la
fuerza del conjunto.
Los
propios ángulos de las chapas perforadas crean esa composición que rompe la
monotonía del volumen, provocan sombras propias y arrojadas diferentes en cada
encuentro y tamizan la luz natural con el fin de crear un espacio interior
agradable donde jugar, aportando algo más a esa necesidad de dar techo a un
espacio donde hasta entonces llovía sobre mojado.












2 comentarios:
Vaya manera de empezar, enhorabuena a ese joven equipo.
Enhorabuena.
Atención a TCGA en su web, muy finos también.
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